Sobre los heterónimos, o cómo vivir varias vidas sin tener que morir

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Me fascina lo compleja que puede llegar a ser la mente humana. Sin siquiera adentrarnos en los pantanosos territorios de los trastornos de personalidad, resulta que todos albergamos en nosotros a diferentes personajes.

Cada día interpretamos multitud de papeles en diferentes escenarios. Pero existe también una dimensión más complicada. Si nos ponemos a la ardua tarea de desmenuzar nuestra personalidad, a observar con atención lo colorido de nuestras emociones, las diferentes maneras de reaccionar, cómo se activan nuestras reacciones o cómo se manifiestan nuestras creencias y comportamientos, nos puede parecer que, a veces, nos posee algún otro, alguien «más raro». Varios matices de nuestra personalidad luchan a diario entre sí. Una que en el trabajo se pone en plan «empleada del mes», para agradar y sentirse aceptada, se transforma en la puerta de salida de la empresa, se cambia los zapatos cómodos pero discretos por un par de tacones y se funde con noctámbulos y crápulas (ah, tiempos aquellos…). En medio del baile, de la embriaguez propia o ajena, aparece esa otra que se cansa, que se agobia y que prefiere estar a solas y en silencio un rato, y tras una pugna, consigue convencer a su compañera que es hora de volver a casa y acurrucarse en el sofá con un libro.

Dentro de nosotros podemos encontrar unos personajes con rostro propio muy interesantes que no dejan de ser parte de ese «yo» que parece uno, íntegro y completo. Esta idea la exploró en su escritura el poeta y novelista portugués Fernando Pessoa, y llamó a sus varios diversos yoes «heterónimos».

Pessoa escribió diferentes libros de parte y en nombre de diferentes personajes. No eran solo varios seudónimos literarios, eran mucho más. Cada uno de ellos tenía una personalidad tan compleja como la que más, llena, diferenciada. Y estaban unidas únicamente por la pasión por la escritura. Quien quiera explorar más esta idea en la obra de Pessoa, puede echar un vistazo a un muy buen artículo de Virginia Martiel.[1]

Esta idea fue explorada con mucho éxito por un psiquiatra argentino, Hernán Kesselman, que importó el concepto de los heterónimos al psicodrama, una herramienta de terapia de grupo. Os animo a echar un vistazo a los detalles contados por el mismo autor en este artículo.[2] Es un ejercicio fascinante el del psicodrama, que tuve la suerte de vivir en carne propia hace años, durante mi formación como arteterapeuta. Consiste en discernir, muy a conciencia, a diferentes personajes dentro de nuestra propia personalidad y ponerles cara, literalmente: una importante parte del ejercicio es crear un dibujo en gran formato, donde todos estos personajes tengan cabida.

La siguiente parte del ejercicio incluye escribir cartas a estos personajes, establecer una cierta relación con ellos —o más bien, llevarla a la conciencia, darnos cuenta de que existe un incesante diálogo entre los diferentes matices del Yo—. Es un ejercicio verdaderamente revelador, permite descubrir cosas sobre nosotros mismos que no nos esperaríamos ver, y hacerse más amigos con estos aspectos nuestros que no nos gusta mucho tomar en cuenta porque nos causan problemas. Resulta muy terapéutico conversar con diferentes partes de nuestra personalidad para aprender a desarrollar y potenciar unas  y limitar y controlar a otras.

Otro ejercicio creativo donde aproveché la herramienta que es desmontar a una misma en unos cuantos heterónimos, lo escribí dentro del curso de Autobiografía en la Escuela de Escritores (por cierto, la autoficción, una de las “asignaturas” de este curso, es otra herramienta perfecta para explorar, como dice Kesselman, “varias vidas sin tener que vivir tantas muertes”: volveremos a ello en otro post). Bastante tiempo más tarde descubrí que el gran Fernando Pessoa en su momento también tuvo la idea de “anular” en papel la existencia de su propia persona, diluyéndola en sus propias creaciones literarias. Personalmente, me cansé de mi propia existencia y decidí por un rato que no existía, y mi manera de explicarlo por escrito fue al parecer lo bastante convincente para que algunos compañeros de ese curso empezaran a dudar de mí por un tiempo. Aquí lo puedes leer.

 

Ejercicio:

¿Qué personajes reconoces en ti? Escribe una corta autointroducción en cada uno. ¿Te animas a dibujarlos, o hacer sus retratos mediante un collage? ¿O escribir un diálogo entre ellos? ¿Cómo se llevan entre ellos? ¿Cuáles de ellos decides potenciar? ¿A cuáles te convendría más parar los pies? ¿Cómo?

 

[1] Martiel, V., 26/05/2018, en: El vuelo de la lechuza, elvuelodelalechuza.com/2018/05/26/fernando-pessoa-el-enigma-del-poeta-fingidor/

[2] Kesselman, H., 29/03/2007, en: Hernan Kesselman, https://www.hernankesselman.com.ar/los-heteronimos-en-el-psicodrama-otrarse-hacerse-otro/

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